
El caso de Joaquín Ferrándiz Ventura, conocido como el asesino de Castellón o el depredador de Castellón, es uno de los episodios más perturbadores del true crime español. Su historia combina una doble vida impecable, una inteligencia elevada y una capacidad depredadora que pasó inadvertida durante meses, mientras aterrorizaba la provincia de Castellón con una serie de asesinatos que hoy siguen estremeciendo a la opinión pública.
Ferrándiz fue condenado en el año 2000 a 69 años de prisión por cinco asesinatos cometidos en apenas 14 meses. Sin embargo, la ley española limitó su estancia en prisión a 25 años, y en julio de 2023 quedó en libertad condicional, reabriendo el debate sobre la peligrosidad de los asesinos en serie y la reinserción.
Primeros años y la agresión que anticipó su carrera criminal
Nacido en Valencia el 9 de diciembre de 1963, Ferrándiz creció como el mayor de tres hermanos y, según quienes lo conocían, era un joven educado, tranquilo y sin conflictos aparentes. Pero esa fachada ocultaba una personalidad profundamente manipuladora.

Su primer delito grave ocurrió el 6 de agosto de 1989, cuando atropelló deliberadamente a una joven motociclista de 18 años. Fingiendo ayudarla, la llevó a un descampado y la violó antes de abandonarla cerca de un hospital. Fue condenado a 14 años de prisión, aunque solo cumplió seis gracias a su “buena conducta” y a una campaña mediática impulsada por su entorno, que defendía su inocencia.
Durante su estancia en prisión compartió celda con un hombre condenado por asesinar a su esposa. Años después, los investigadores concluirían que Ferrándiz imitó el modus operandi de este compañero en sus propios crímenes.
Durante su estancia en prisión compartió celda con un hombre condenado por asesinar a su esposa. Años después, los investigadores concluirían que Ferrándiz imitó el modus operandi de este compañero en sus propios crímenes.
En abril de 1995 salió en libertad condicional y se instaló en Castellón con su madre. Trabajaba en una compañía de seguros y sus compañeros lo describían como alguien “encantador, educado y absolutamente normal”. Nadie sospechaba que estaba a punto de convertirse en un asesino en serie.
La desaparición de Sonia Rubio: el inicio de la pesadilla

La primera víctima de Ferrándiz fue Sonia Rubio Arrufat, una profesora de inglés de 25 años. La madrugada del 2 de julio de 1995, Sonia salió de una discoteca en Benicàssim y decidió caminar hasta la casa de sus padres. Nunca llegó.
Su cuerpo apareció el 20 de noviembre de 1995, semidesnudo, con las manos atadas y la boca cubierta con cinta adhesiva. Había sido estrangulada. La Guardia Civil abrió la Operación Bola de Cristal, pero las pistas eran escasas.
Tres prostitutas asesinadas en Vila-real: un falso culpable
Entre enero y febrero de 1996, tres mujeres —Natalia Archelós, Mercedes Vélez y Francisca Salas— fueron halladas estranguladas en la zona de Vila-real. Todas ejercían la prostitución y presentaban signos de violencia sexual.
Las similitudes con el caso de Sonia Rubio eran evidentes, pero la investigación tomó un rumbo equivocado: un camionero llamado Claudio Alba fue detenido y pasó cinco meses en prisión preventiva. Más tarde se demostraría que era inocente. El verdadero asesino seguía libre.
La última víctima: Amelia Sandra García
El 14 de septiembre de 1996, desapareció Amelia Sandra García, de 22 años, tras salir de una discoteca en Castellón. Su cuerpo apareció meses después, también con signos de estrangulamiento y un patrón idéntico al de las víctimas anteriores.
Con cinco mujeres asesinadas en poco más de un año, la Guardia Civil decidió recurrir a una técnica inédita en España: solicitar la ayuda del criminólogo Vicente Garrido Genovés para elaborar un perfil psicológico del asesino. El perfilador concluyó que se trataba de un hombre local, ordenado, con antecedentes sexuales y una doble vida aparentemente normal. Todas las pistas apuntaban a Joaquín Ferrándiz.
La vigilancia y el error que permitió detenerlo
En 1998, la UCO puso a Ferrándiz bajo vigilancia. Lo observaron frecuentar bares y discotecas, acechando a mujeres que se quedaban solas. El 14 de julio de 1998, los agentes presenciaron cómo pinchaba la rueda del coche de una joven para provocar un accidente y poder abordarla, replicando su método de 1989. Esta vez no logró actuar: la Guardia Civil intervino y lo detuvo.
En su domicilio encontraron la cinta adhesiva de 18 mm —una medida no comercial— que coincidía con la utilizada en las víctimas, así como un “kit del violador” con herramientas para inmovilizar y someter a mujeres.
Juicio, condena y liberación
Ferrándiz fue condenado en el año 2000 a 69 años de prisión por cinco asesinatos y agresiones sexuales. Sin embargo, la legislación española limitó su estancia en prisión a 25 años. El 22 de julio de 2023, salió en libertad condicional. Su caso reavivó el debate sobre la peligrosidad de los asesinos en serie y la capacidad real de reinserción.
Conclusión: un depredador oculto bajo una vida normal
La historia de Joaquín Ferrándiz es la de un asesino en serie que supo camuflarse bajo una apariencia impecable: buen hijo, buen compañero, buen vecino. Pero por las noches se convertía en un cazador de mujeres, actuando con frialdad, método y una inteligencia que le permitió evadir a la justicia durante meses.
Su caso sigue siendo uno de los más estudiados en criminología española, tanto por su perfil psicológico como por el impacto que tuvo en la sociedad y en la evolución de las técnicas de investigación criminal.
🆕 Última noticia sobre Joaquín Ferrándiz en libertad (actualización 2025)
Tras salir de prisión en julio de 2023, Joaquín Ferrándiz —condenado por violar y asesinar a cinco mujeres en Castellón entre 1995 y 1996— vive actualmente en Andoain (Gipuzkoa), donde trabaja en una empresa de alimentación. Aunque prometió marcharse al extranjero “para no molestar a nadie”, finalmente se instaló en el País Vasco, primero en Irún y después en Andoain.

Denunciado por violencia de género en 2025
En octubre de 2025, su nombre volvió a aparecer en informes policiales después de que su expareja lo denunciara por acoso y violencia de género, lo que derivó en una orden de alejamiento y en la apertura de diligencias judiciales. La Ertzaintza mantiene una vigilancia constante sobre él ante el temor de una posible reincidencia.
Vigilancia policial reforzada
La policía autonómica vasca ha intensificado el control sobre Ferrándiz, considerándolo un individuo de riesgo debido a su historial y a que no participó en programas de rehabilitación para agresores sexuales durante su estancia en prisión. Su presencia en Andoain genera inquietud entre los vecinos, que temen que pueda volver a actuar.
Alarma social en Andoain
Medios locales y nacionales han recogido testimonios de vecinos que expresan miedo y desconfianza. Una vecina declaró: “¿Reinserción? Una mierda. La cabra tira al monte”, reflejando la tensión que se vive en la localidad desde que se supo que el asesino en serie reside allí.
Último movimiento conocido
El 22 de octubre de 2025, Ferrándiz fue identificado por patrullas de la Ertzaintza en un control rutinario en la carretera N‑634, confirmando que continúa bajo seguimiento policial activo.
