
La viuda de la CAM
El 9 de diciembre de 2016, Alicante se estremeció con un crimen que parecía sacado de una novela de intrigas familiares.
María del Carmen Martínez, viuda de Vicente Sala —el que fuera presidente de la extinta Caja de Ahorros del Mediterráneo—, fue hallada muerta en un lugar que, en teoría, debía resultarle familiar y seguro: el concesionario de coches de su propia familia.
Aquella tarde, como tantas otras, había acudido al negocio para recoger su Porsche Cayenne. El reloj marcaba las siete menos cinco.
Se dirigió al lavadero del concesionario, un rincón poco transitado, donde los coches esperaban a ser entregados relucientes a sus dueños. Minutos después, dos disparos a bocajarro en la cabeza sellaron su destino.
La matriarca de una de las familias más influyentes de Alicante caía asesinada en la penumbra de su propio imperio.
Una familia poderosa, un legado en disputa

Para entender este crimen hay que retroceder algunos años, hasta 2011, cuando falleció Vicente Sala, patriarca de la familia.
Dejó tras de sí un conglomerado empresarial que incluía concesionarios de automóviles de alta gama, empresas patrimoniales, inversiones industriales y un apellido que en Alicante era sinónimo de poder.
María del Carmen heredó no solo la viudedad, sino también la misión de mantener la cohesión de ese imperio. Se convirtió en el rostro visible del patrimonio y en el punto de equilibrio entre sus cuatro hijos: Vicente, el varón, y tres hijas.
Pero bajo esa fachada de unidad se libraba una guerra fría. Las hijas buscaban mayor participación en las decisiones y el control de las sociedades familiares.
María del Carmen, en cambio, maniobraba para mantener a su hijo Vicente Jr. en una posición dominante.
En septiembre de 2016, apenas tres meses antes de su asesinato, se constituyó una nueva sociedad: Marlo Capital. Un holding que concentraba el poder en manos de la matriarca y del hijo varón, dejando en un segundo plano a las hijas. Aquella jugada encendió chispas en una familia que ya caminaba sobre un campo minado.
El día del crimen
El concesionario Novocar era el reino de uno de sus yernos, Miguel López, marido de una de las hijas. Era allí donde María del Carmen acudía con frecuencia a dejar o recoger su vehículo. Nadie sospechaba que aquel sería su último viaje.

La escena fue rápida y brutal. Alguien esperó el momento preciso. Cuando la mujer se sentó en el coche, recibió dos tiros certeros en la cabeza.
No hubo testigos directos. No había cámaras que cubrieran el lavadero. El asesino conocía el terreno y sabía que ese era el punto ciego del edificio.
El cuerpo fue encontrado poco después por trabajadores del concesionario. El escándalo no tardó en extenderse: la matriarca de una de las familias más ricas e influyentes de Alicante había sido ejecutada en plena tarde, en su propia casa empresarial.
Sospechas y sombras

Las primeras miradas se dirigieron a Miguel López, el yerno. Era el último que había tenido contacto con ella, el que gestionaba el concesionario, y además era aficionado al tiro olímpico.
Tenía licencia de armas y conocimientos de precisión.
La investigación policial se centró en él: pruebas de parafina para detectar restos de pólvora en sus manos, análisis de ADN hallado bajo las uñas de la víctima, reconstrucciones de movimientos.
Nada concluyente apareció. Ni el arma se halló, ni las pruebas científicas lo vincularon de forma irrefutable al crimen.
Pero la sombra de la sospecha fue persistente. En la lógica del poder y el dinero, los móviles parecían claros: la lucha interna por el control del imperio, el enfrentamiento entre ramas de la familia, el resentimiento por las decisiones societarias que desplazaban a algunos miembros del clan.
El juicio y la absolución
En 2019, el caso llegó a juicio. La Fiscalía y la acusación particular señalaban directamente a Miguel López como autor material. Pero la defensa insistió: no había pruebas sólidas, solo un cúmulo de indicios.



El jurado popular acabó absolviendo al acusado. López salió libre, aunque marcado para siempre por el peso de las dudas.
El caso, sin embargo, no quedó enterrado. En 2022, el Tribunal Supremo anuló esa absolución y ordenó repetir el juicio con un nuevo jurado, al considerar que había existido una valoración defectuosa de las pruebas.
El fantasma del crimen volvía a sacudir a la familia Sala-Martínez.
Preguntas sin respuesta
¿Quién disparó realmente a María del Carmen Martínez? ¿Fue un ajuste de cuentas familiar? ¿Un encargo ejecutado por manos profesionales? ¿O un crimen pasional envuelto en la maraña de negocios y herencias?
El asesinato de la matriarca sigue siendo un enigma que mezcla ambición, traición y silencio.
Un crimen que sacó a la luz las grietas de una familia poderosa y que, años después, aún no encuentra cierre definitivo.
Lo cierto es que, tras casi una década, el caso sigue abierto, sin una condena firme y con demasiadas incógnitas. Lo que sí dejó claro aquel 9 de diciembre de 2016 es que el poder y la riqueza no protegen del filo más oscuro del ser humano: la ambición desmedida.
En la penumbra del lavadero de un concesionario, dos disparos acabaron con una vida, pero también revelaron la fragilidad de un linaje que parecía intocable.
En Alicante, aquel día, cayó no solo una mujer, sino también la máscara de una familia que desde entonces vive bajo el eco de una pregunta sin respuesta: ¿quién mató a la matriarca?
